Me duele en la biblioteca

Quiero empezar esta pequeña reflexión proclamando mi amor a los libros y al papel. La lectura me llamó a través de cuentos de papel que por la noche sonaban en mis oídos antes de que se apagara la luz, y fue ganando terreno en mi vida con las revistas (también de papel) que corrían por mi casa y cuyas páginas pasaban una y otra vez por delante de mis ojos. Más tarde, terminó de apoderarse de mi mente gracias a las toneladas de libros (nuevamente de papel) que había en la Biblioteca del barrio de Gràcia de Manlleu y que me llevaba a casa en dosis de entre 200 gramos y un kilo.

Lo de visitar la biblioteca fue un hábito, o quizá una adicción, que se transformó en profesión: estudié Biblioteconomía y desde entonces he trabajado en bibliotecas (los primeros años) o para bibliotecas (desde 2004 hasta ahora). Las amo, así que mis hijos han tenido carnet de la biblioteca pública antes que dientes: anhelo que desarrollen la misma gratitud hacia las bibliotecas que he desarrollado yo.

En la etapa actual de su vida (tienen ambos menos de 3 años) la biblioteca es muy útil: hay cuentos de papel y otros materiales con formas diversas que ayudan mucho a que vivan una experiencia óptima de aprendizaje; realmente no leen (todavía no saben) sino que miran, tocan, juegan… y escuchan como somos otros quienes les leemos (en la biblioteca, también en casa). Aprenden a través de esa experiencia y yo estoy convencido de que en este momento los cuentos tradicionales son una de las mejores herramientas para su desarrollo.

Pero mis hijos crecerán, necesitarán aprender cosas que ya no aparecen en los cuentos de los primeros años y temo que en ese momento desaparecerá definitivamente la posibilidad de que se enamoren de la biblioteca. La razón es que, simplemente, no la necesitarán.

Para hacer este pronóstico me baso en lo que observo en el mundo que me rodea y, sobre todo, en mi propia experiencia: mi adicción no debía ser tanta porque se curó sola de un día para otro. Sigo leyendo, sigo aprendiendo, pero ya no voy a la biblioteca (o cuando alguna vez me dejo caer en una es de visita porque, aunque ya no la necesite, el cariño no se ha apagado en mi interior). De repente dejé de necesitarla o, más bien, lo que necesito para mi desarrollo intelectual lo encuentro de forma más sencilla en otros lugares. Siento que mi vida del siglo XX encontraba respuestas en la biblioteca, pero la del siglo XXI las encuentra antes de tener que recurrir a ella.

Mis hijos han nacido en el siglo XXI y, hoy en día, el proceso de aprendizaje ha cambiado: los que aprendemos (chavales, también mayores) podemos contribuir a crear el conocimiento que nosotros mismos vamos a adquirir, y el profesor (cuando es necesario) ha dejado de tener el rol de sabio y ha pasado a ser un facilitador (¿mediador?). El contenido se actualiza constantemente y el papel ya no es en muchos casos el continente ideal, en primer lugar porque no ofrece esa flexibilidad necesaria y en segundo porque en este momento hablar de contenido no equivale necesariamente a hablar de letras y gráficos o imágenes fijas.

Así que, en este siglo XXI, cuando entro en una biblioteca muchas veces me siento iniciar un viaje al siglo pasado. Un pasado que, pese a todo, existe en mi memoria y me permite mantener un vínculo… pero un pasado que no existe para mis hijos y que podrán obviar si no le ven utilidad sin que les represente ninguna carga. Así pues, siento que mi anhelo no se cumplirá… aunque no estoy seguro de que eso vaya a ser malo para mis hijos. Y sin embargo… me duele en la biblioteca.

Por favor… ¿alquien puede ofrecer algo de esperanza a mi desasosiego?


Nota: texto escrito para el Grupo Thinkepi y publicado originalmente en la lista IweTel. La intención es provocar reflexión y debate para, justamente, que a nadie le tenga que doler la biblioteca porque se consigue que siga siendo útil y necesaria.

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22 comentarios en “Me duele en la biblioteca

  1. Javier, sencilla pero contundente provocación. Creo que es una reflexión que quienes creemos en el valor transformador de las bibliotecas no dejamos de hacernos ante los cambios que los paradigmas de acceso a la información, construcción del conocimiento e -incluso- la entretención están viviendo.

    Quizás una de las rutas de exploración para encontrar nuevas certezas (que de eso se trata todo esto) tiene que ver con cómo la biblioteca se perfila en los espacios colectivos. Esta nueva ciudadanía global que se está tomando las calles los últimos años, no solo se está levantando contra políticas económicas y/o regímenes autoritarios. Hay en ella también una pulsión por recuperar los espacios comunes a partir de un ejercicio más consciente de la ciudadanía. Es una revuelta del “nosotros” frente a la atomización de la sociedad.

    Y en eso la biblioteca tiene experiencia. La biblioteca siempre ha sido parte del “nosotros”, pero parece llegada la hora de repensar cómo es parte de ese “nosotros”. Históricamente lo ha sido desde la intermediación con contenidos (y respuestas) que no estaban disponibles en otros lados. Ahora (y por un buen tiempo) pareciera debiera vincularse con el “nosotros” desde la intermediación con nuestras propias habilidades y competencias (ayudando a descubrirlas y desarrollarlas) y la intermediación con la dimensión social de la información y el conocimiento.

    En última instancia, las bibliotecas no dan acceso a contenidos, sino que colaboran en la construcción, diseminación, reelaboración permanente y preservación de sentido para las comunidades que atienden. Tus hijos (y los míos) seguirán reconociéndola y usándola en la medida que nosotros tengamos la capacidad de transformarla, de sacarla a las calles, meterla en los móviles, esas mismas calles donde hoy la ciudadanía está buscando colectivamente respuestas, esos mismos móviles que hoy usan para encontrar respuestas. Que los manifestantes de la Puerta del Sol el 2011 se hayan dotado a sí mismos de una biblioteca, me parece una luz de esperanza que puede calmar algo tu desasosiego.

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  2. Creo que deberíamos luchar por mantener viva la Biblioteca, yo estoy en una y allí está mi vida, en cada rincón, en cada estante me encuentro.
    La Biblioteca no puede morir, no debemos dejarla sino todo lo contrario: las nuevas generaciones necesitan iniciarse entre libros. Por ejemplo con las nuevas tecnologías tenés toda la información que necesites y en diferentes formatos con sonidos, con videos,etc. pero no es lo mismo que tener un libro, en donde palpás las hojas, sentís su aroma…, por más avances que tengamos nunca podrán reemplazarlo. Y como bibliotecarios debemos preservarlos, y fomentar su uso. Justamente ese es uno de nuestros nuevos desafíos: atraer usuarios para que conozcan que no todo está en Internet, que también existen otros lugares cargados de material informativo, que es cuestión de hacer un esfuerzo y probar…quién sabe, de muchos que lo nieguen, abrá otros a quienes le podrá interesar…Te saluda una loca apasionada por las bibliotecas.

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  3. Desaparecerá el papel ?. La supuesta supremacía de Internet y lo digital, etc, etc…. tienen que ver con cuestiones geográficas, culturales, económicas (dependen de éstas). Geográficas: no es lo mismo en Argentina que en Estado Unidos que en España (también por sus políticas), etc. No es lo mismo en una sociedad conservadora que sigue optando por el papel (como mi provincia Entre Ríos) que en una que además de tener mayor estatus económico apunta a que su población lea también en formato digital (como Buenos Aires y sus bibliotecas). También del mercado en papel y del mercado en formato digital (disponibilidad, acceso, oferta, etc.) Y no nos olvidemos de la famosa brecha digital. También en segundo grado dependerá para que uno lee (adquirir conocimiento, disfrutar de literatura, informarse sobre algunas noticias, buscar algún dato específico, etc…..) dependerá si lee Wikipedia, una obra de Cervantes, un nuevo descubrimiento (y de si estos estan o no en formato digial o papel y de si uno prefiere leer en uno o en otro soporte),….

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  4. En mi opinión la biblioteca debe transformarse hasta convertirse en otra cosa radicalmente diferente, un centro con la misma utilidad social pero necesariamente con diferentes funciones, adaptadas al siglo en el que vivimos. Un centro donde los soportes físicos cedan el protagonismo a las personas, a las nuevas formas de aprendizaje y creación.

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  5. Estimado Javier, tu artículo, definitivamente provocador y bien por ello. Te voy a contar un breve capítulo de mi vida, quizás uno de los más importantes, pero que como suele suceder, sólo reconocemos como tal años después de que ha pasado. En mi época de estudiante solía pasar gran parte de mi tiempo libre entre clases en la biblioteca. Tuve la suerte de estar en una universidad que tenía una biblioteca con estantería abierta. Debo decirte que nunca he visto tanta interacción social como la que se producía en ese lugar maravilloso, de grandes ventanales, ya que los libros estaban organizados en zonas que no impedían la vista hacia el exterior. Muchas veces soñé despierto, y alguna que otra noche también dormido, que el día que dejara mi corazón de latir, deseaba regresar como un fantasma que habitara eternamente ese espacio ideal, saltando de un libro a otro, mezclándome con los personajes de cada uno de los miles de volúmenes y divagando entre la gente y sus conversaciones. A lo que voy es que la biblioteca tiene que cambiar su diseño y sus reglas. La biblioteca pública debe ser un espacio público de verdad. Debe ser un foro en medio del cual cada uno pueda alimentarse de lo que le dicen esos libros amigos, y entre ellos compartir las ideas con la gente, teniendo la posibilidad de caminar, desplazarse, tirarse en los rincones y compartir con los amigos, familia e incluso desconocidos, los últimos tesoros encontrados en el laberinto. Idealmente que cada visitante se convierta en un habitante y que así como cada cual tiene el mapa mental de su casa en la cabeza, también tengamos el de nuestra biblioteca, y digo nuestra porque la biblioteca debe ser necesaria para vivir. Que seamos capaces de, con sólo una mirada detectar que hay algo nuevo, algo que no quiero perderme y que puedo compartir. La biblioteca no debería ser un espacio de silencio. Para eso están las salas de lectura. La biblioteca debería ser una segunda casa. El lugar de partida o llegada cada fin de semana, cada tarde o cada mañana, cada hora de almuerzo. Y que tenga todas las tecnologías del mundo, da lo mismo. Mejor, una biblioteca conectada e interactiva, pero con los libros a la mano, donde día a día los pueda ver y tocar y sentirlos como viejos amigos que envejecen con nosotros. No importa que pasen los años y estemos en un nuevo siglo. Así como nosotros, nuestros hijos y las nuevas generaciones necesitan un lugar en el cual encontarnos con nosotros mismos y con lo que hemos llegado a ser, donde sintamos la calidez de la conversación y el intercambio de experiencias que por milagro o magia, las generaciones pasadas también nos hablen desde los libros y nos cuenten sus historias, un lugar que llamemos hogar, donde se diluya el tiempo y el espacio.

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  6. René: creo que, con matices, estás en la linea que apuntaba Yusef y que yo mismo suscribo. Gracias por compartirlo 🙂

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  7. Bárbara y Roberto: yo amo el papel, pero prefiero la biblioteca. Quiero decir que, si me dan a elegir, prefiero la función social, de aprendizaje, etc., independientemente de si todo eso se realiza sobre un soporte, otro, de una manera o de la siguiente.

    De todos modos, si hay que entrar a prever si el papel va a desaparecer y el libro va a ser solo digital, etc., mi opinión es que… no tengo ni idea 😉

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  8. Javier: en el pueblo donde yo crecí la biblioteca era el refugio de los soñadores… y un lugar calentito en invierno. Pasé muchísimas tardes en ella y, como tú, siempre amaré las bibliotecas.Y estoy volviendo a usar mucho la biblioteca, ahora la de mi barrio. Llegado a un punto en que ya no puedo meter un libro más en casa sin sacar antes alguno de los anteriores… he vuelto a acudir a la biblioteca a buscar narrativa.

    Y es que sí, me sigue gustando tener un libro en las manos.

    Me gusta tu post, y me gusta pensar que las bibliotecas seguirán existiendo como refugio de los fríos del cuerpo y del alma, para ofrecer sus contenidos en papel o en lo que convenga.

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  9. Mi humilde opinión: está conversación llegó tempranamente al punto muerto que nos tiene como nos tiene. Si seguimos hablando de libros (en papel o digitales), los ciudadanos encontrarán siempre (y cada vez más fácilmente) mejores formas de convertirse en lectores. Hablemos de sentido e impacto en la vida de las personas y quizás los ciudadanos se apropien de las bibliotecas.

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  10. Según leía tu historia veía la mía propia. Fui adicta a los libros desde que tengo capacidad de recuerdo, devoraba cuentos, tebeos, ensayos, novelas…

    Desde que apenas tenía 6 años pasaba muchas tardes en la biblioteca de Santa Orosia, en el barrio de las Delicias (Zaragoza), a escasos metros de mi casa. De más pequeña, leía los cuentos y hacía los deberes, al crecer usaba las enciclopedias para los trabajos de clase… Y en la adolescencia me ocupaba buena parte del tiempo coquetear con los chicos de otras mesas, lo cual era un aliciente importante para seguir yendo a la biblioteca 🙂

    También estudié Biblioteconomía (yo en Zaragoza), y después Documentación. Paradójicamente, fueron esos últimos años de la carrera (en la Carlos III) los que me acercaron tanto a la Biblioteca que sin darme cuenta fui saliendo de ella (en su forma, su edificio, sus pasillos y sus papeles) para adentrarme en ella (en su fondo, en sus contenidos, en sus bases de datos).

    Hoy me da algo de vergüenza reconocer que siendo investigadora en Documentación, no consigo reconocer la cara de más de 2 o 3 bibliotecarios de mi universidad… En cambio sí sé cómo descargarme los artículos que necesito para mi trabajo con tan solo algunos clics desde mi despacho, desde mi casa, desde una cala de la Costa Brava o desde Hong Kong, porque mi biblioteca va donde yo estoy y me proporciona lo que necesito: información de calidad.

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  11. Un apunte para la esperanza, real como la vida misma.

    Amigo no lector. Él no tiene el hábito de leer incorporado en su dia a dia. Pero lee para informarse, cuando le hace falta. El viernes vino con un libro bajo el brazo. Un libro que había sacado de la biblioteca, y me confesó que cuando lo necesita va allí a buscar cosas que no encuentra en otros sitios. Sobre todo DVDs, pero no sólo. En este caso se llevó, porque fue a buscarlo expresamente (ojo, incluso consultó el catálogo) un libro sobre los antiguos parques de atracciones de Barcelona.
    Tangencial, puramente tangencial, tal vez anecdótico, pero yo pensé que si no hubieran bibliotecas, mi amigo no hubiera podido tener la información que necesitaba. Y que hay mucha gente como mi amigo que van a la biblioteca a buscar “cosas”…. Incluso tal vez otros “no lectores”.

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  12. Bonita historia, Mari-Carmen. Somos unos románticos… 😉

    Bego: tienes razón, seguro que eso ocurre más veces de las que yo creo. Aunque… que amigos más raros tienes (¡por no hablar de algunos primos!) 😛

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  13. Yo creo que la reflexión de fondo tendría que ser que tenemos una marca potente “Biblioteca”, que el usuario reconoce con facilidad. Hace falta renunciar a todo aquello que estábamos haciendo por inercia y redefinir el “core business” del tema. Aunque eso sea menos ortodoxo.

    Ejemplo número 1. Biblioteca escolar. Pequeña, sobre 2000 ejemplares. Hace falta catálogo? Así, de entrada, no. Hace falta que la biblioteca sea útil a los docentes, que forme parte de la vida educativa del centro y del aprendizaje de los niños. Eso ha de venir primero. El catálogo ya vendrá después, o no vendrá!

    Ejemplo número 2. Biblioteca pública. Soy ciudadana, no tengo tiempo para nada. Pero si tengo la biblio al lado de la piscina donde llevo a mi hijo a aprender a nadar, y me haces fácil (y atractivo) el proceso de préstamo, y no me lo limitas, vendré, en diez minutitos a buscar cuentos para mis hijos, una peli y a lo mejor, si encuentro un rincón comodísimo, me perderé unos minutos más a echarle un vistazo a una revista. Y juro que si me sonríes y me tratas bien, y me siento a gusto, volveré.

    Ejemplo número 3. Colegio profesional con una biblioteca que nadie usa. Ahora se mudan y se van a un edificio nuevo. Qué hay que hacer con la biblioteca? Pues seguramente expurgar el 80% de la colección, guardar lo de reserva en unas estanterías molonas y montar nuevos servicios DI-GI-TA-LES para que todos los colegiados reciban en su ordenador (que cuando necesitan la información es cuando están trabajando y no tienen tiempo de venir a nuestra sede ….) la información que necesitan. Sea un dosier de prensa o un boletín de noticias, o ….. lo que sea. Generar contenidos, chicos ….

    La biblioteca es una marca potente, que necesita una reconversión importante (ep, y nosotros también; o nos reconvertimos o nos reconvertirán …. ah, no, que ya nos están reconvertiendo …. ), para llegar al mismo sitio: al usuario.

    O llámelo cliente, da igual.

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  14. Has dicho la palabra clave, en mi opinión: usuario. Da lo mismo lo que nosotros creamos que es o debe ser una biblioteca. Lo esencial es que responda a necesidades.

    Gracias Bego 🙂

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  15. Javier, sin lugar a dudas has puesto palabras a lo que a otros nos da vueltas en la cabeza.
    Yo como tu y muchos otros fui una visitante constante de las bibliotecas. Tuve la suerte de tener una junto al colegio y también de disfrutar de una “rara avis” una biblioteca escolar fantástica.
    He crecido entre libros y siempre que he viajado he visitado bibliotecas y disfruto del turismo bibliotecario aquí en casa.
    Mis hijos tenían meses y ya tenian carnet de biblioteca!
    Pero todo “evoluciona”,actualmente las visitas de ellos a la biblioteca es mínima y la mia esporadicamente. La “necesidad” ya no la tengo, ya que puedo disponer de los libros con mas rapidez que en las Bibliotecas (generalmente). Así que …que nos puede aportar la Biblioteca, para que volvamos a necesitarla?
    No creo que la cuestión sea papel o no papel, conozco muchas Bibliotecas americanas y alguna asiática que trabajan con muchísimos libros electrónicos , hay usuarios y necesidades para todo!
    Creo que a las Bibliotecas les tendremos que encontrar un “Valor añadido”, para que volvamos a “necesitarlas”.

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  16. Efectivamente, no es cuestión de papel. Era una pura herramienta para vestir mi argumentación. La clave es, como dices, el usuario y el valor que se le ofrece.

    Gracias por tu visita 🙂

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