La habitación del caos

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La habitación del caos es una metáfora que utilizo con mis alumnos cuando veo que se encallan en algún tema determinado o no consiguen avanzar en alguna tarea.

No solamente sirve para un contexto de aprendizaje, sino que creo que se puede aplicar en muchas situaciones de la vida. En concreto, en aquellas en que estamos interesados en conseguir algo y que de entrada nos parece difícil. De hecho, a menudo nos parece imposible. Eso es lo que llaman estar fuera de la zona de confort.

La metáfora se explica a partir de una situación real que seguro que a todos nos ha ocurrido. A mi me ha ocurrido, eso seguro. Imaginate una habitación que a lo largo del tiempo ha ido acumulando objetos. No tiene que ser una habitación desordenada ni sucia, aunque pude serlo. Simplemente hablo de la típica habitación en la que hay un armario con ropa, una estantería con libros y revistas, objetos decorativos, una bicicleta estática, documentación de distinta naturaleza (recibos del banco, contratos de alquiler, de tarjeta de crédito, del trabajo o de lo que sea, diplomas, informes médicos, etc). Seguro que en casa tienes documentos de todo tipo que se van acumulando a lo largo del tiempo.

Total que en esta habitación hay un montón de cosas y muchas de ellas no las necesitas para nada o simplemente preferirías que estuvieran ordenadas de otra forma. Así que decides ponerte manos a la obra para ordenar, para tirar lo que no te sirve, para donarlo, para cambiarlo o para venderlo.

El momento en que empiezas es el momento de no retorno. Por muy mal que estuviera esa habitación, que quizá que no lo estaba, en el momento en que empiezas a sacar cosas pasa a ser el caos absoluto.

Miras a tu alrededor y te arrepientas de haber empezado: ¡esto no hay quien lo devuelva en estado aceptable!

Por todos lados hay trastos, no hay ningún orden lógico y además no tienes libertad para moverte por ningún lado y si no vigilas acabarás tirando cualquier cosa y montarás un jaleo descomunal.

Esa es la habitación del caos.

Y esa es la sensación que puedes tener cuando empiezas a intentar aprender algo o conseguir algo que está fuera de tu alcance momentáneo. Menudo follón, no entiendo nada, soy incapaz… ¡si lo sé no vengo! Pero amigo, si no te dejas vencer por la desesperación y vas poniendo en orden un objeto en cada momento, de repente llegará un punto en que todo vuelva a cobrar sentido y lo mejor es que tomará sentido en un punto mucho mejor del que estaba cuando empezaste. Es como montar un puzzle.

Así que cuando quiero conseguir algo y tengo miedo porque no sé hacerlo o me siento incapaz para hacerlo, procuro recordar la metáfora de la habitación del caos que yo mismo utilizo para ayudar a mis alumnos.

De hecho, no consigo hacer todo lo que me propongo ni mucho menos, pero algunas veces sí que me sirve. En cualquier caso, la metáfora del caos me ayuda a ver las cosas de otra manera. Así que si me sirve a mi quizás te sirva ti. Y en ese caso, te la regalo.

¡Pásalo bien!

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Cómo gestionar el correo electrónico

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Hoy he leído un artículo de Cindy Goodman en el Miami Herald en el que habla de la gestión de la bandeja de entrada del correo electrónico. Creo que es un tema interesante, así que después de la intro hablaré de ello.

INTRO

Uno de los problemas comunes de muchos profesionales de casi de cualquier ámbito es lo sencillo que es recibir toneladas de correos electrónicos y lo difícil que es gestionarlos de manera que nos nos coman más tiempo del necesario. Si no se tiene cuidado, es posible pasarse el día entero sin salir del gestor de correo.

En su artículo, Cindy dice que a ella le cuesta muchísimo borrar correos electrónicos. De hecho, la última vez que se puso a ello estuvo más de dos días en la tarea. Así que le cuesta borrarlos pero cuando se pone, se pone. Cindy también cita a dos personas que tienen dos enfoques distintos:

El primero de ellos nunca borra emails: marca los importantes y deja que los otros se vayan consumiendo en la bandeja de entrada.
La segunda, en cambio, borra todo lo que puede porque no soporta tener mensajes a la vista.

De las tres aproximaciones, la que más se acerca mi enfoque es la tercera. A mi también me pone nervioso abrir la bandeja y ver un montón de mensajes aunque ya los haya leído o respondido (si es que tenía que leerlos y responderlos).

Este es mi sistema:

  1. Intento recibir el menor volumen posible de mensajes.

    Por ejemplo, limito al máximo las notificaciones de redes sociales: no recibo ni un solo aviso de facebook ni de LinkedIN, y de twitter solo recibo retwitts y favoritos (incluso esos voy a dejarlos de recibir). De todos modos, son plataformas que visito diariamente; así que cuando voy, ya puedo ver perfectamente todas las notificaciones allí.

    Al mismo tiempo intento no recibir boletines de correo. Lo primero que hago es intentar no suscribirme a nada. A veces sí que lo hago para ver si realmente son cosas que me interesan o no. Otras veces no hace falta suscribrse a nada porque empiezan a llegar correos de no se sabe dónde ni se sabe por qué. En general, intento limitar los boletines tanto como puedo.

    Por otro lado, una manera de recibir pocos mensajes es enviar pocos mensajes. Es decir, alguien te envía un mensaje y tu respondes, él responde a tu respuesta, tu respondes a su respuesta de tu respuesta, y así hasta que llega la noche. Es un bucle diabólico que intento evitar.

  2. Intento filtrar al máximo los correos

    Uso Gmail, pero tengo desactivadas las bandejas múltiples. En cambio, tengo un montón de carpetas y filtros que he creado yo mismo y que permiten que cada mensaje llegue a donde yo quiero que llegue antes de leerlo. De este modo, mensajes sin importancia van a carpetas que visitio de vez en cuando. Por eso me puedo concentrar en lo importante.

  3. Intento trabajar en bloques

    Cuando entro en mi bandeja de entrada, lo primero que hago es eliminar todo lo que no me interesa. Sin compasión.

    Después reviso lo que sí me interesa y lo que necesita respuesta atendiendo la bandeja de entrada y a las carpetas más importantes. Hago lo que tenga que hacer respecto a los mensajes, respondo a los que tengo que responder y marco todos aquellos que tengo que tener a la vista durante por lo menos unos días. Una vez gestionado todo, archivo todo lo que tengo que conservar y lo que no…. a la basura.

    Finalmente, reviso los correos que tenía marcados por si hay algo más que tengo que hacer. Los que no necesitan la marca los archivo o los borro. Y si tengo tiempo, reviso el resto de carpetas con cosas menos importantes e intento dejarlo todo afuera. Me encanta ver la bandeja de entrada vacía.

  4. Intento escribir buenos mensajes

    Que intente evitar enviar muchos mensajes no significa que no responda a todo lo que tenga que responder. De hecho, intento no dejar nada pendiente. Per en vez de usar el correo como un chat procuro escribir menos mensajes pero escribirlos mejor. Es decir, tratando los temas claramente y yendo al grano, intentado anticipar y responder de antemano las dudas que puedan venir del otro lado, formateando los mensajes de forma que sean fácilmente comprensibles y añadiendo todos los enlaces y documentos necesarios para que el receptor tenga todo lo que necesita para comprender.

No es que no quiera recibir correos. Es que quiero recibir todo los que sean necesarios pero solamente los que sean imprescindibles. No siempre lo consigo, pero en esta lucha estoy.

Así que más o menos este es mi sistema. Te recuerdo los puntos clave:

  1. Recibir el mínimo posible de mensajes.
  2. Filtrar los mensajes para poder trabajar en los más importantes.
  3. Trabajar en bloques.
  4. Escribir buenos mensajes.

¿Qué te parece? y sobre todo: ¿qué es lo que te funciona a ti?

Me encanta leer. ¿Y a ti?

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Soy Javier Leiva y me encanta leer.

Soy un lector voraz desde pequeño. No recuerdo a qué edad exacta aprendí a leer, pero sí que me recuerdo hojeando y leyendo revistas que había por casa para sorpresa de los mayores.

El caso es que no recuerdo el título de las revistas, pero sí que me acuerdo de que en casa se compraba el Lecturas. Y además, que me gustaba una historieta que salía al final. Así que sin estar seguro al cien por cien, se podría decir que aprendí a leer con la revista Lecturas.

Tampoco estoy seguro del origen de mi afición, pues no crecí con grandes lectores a mi alrededor. Sin embargo, tengo la teoría de que el deseo por leer vino del hecho de que cada día mi madre me leía cuentos por noche. Me encantaba que me explicara cuentos, particularmente me acuerdo de un libro que contenía una colección de fábulas de animales y que acabó destrozado de tanto leerlo y releerlo. La verdad es que si supiera el título, ahora mismo intentaría buscar una copia y la compraría.

Como leía todo lo que había por casa, empecé ir a la biblioteca pública y a devorar todo lo que tenían. Empecé por los cómics y fui derivando a las novelas para jóvenes. Sobretodo me gustaban las de aventuras y policiacas.

De pequeño leía tanto y estaba tan enganchado a la lectura, que incluso cuando me hacían apagar la luz porque era la hora de ir a dormir me escondía debajo de las sábanas con una linterna y leía a escondidas.

En fin, así que como he dicho fueron los cuentos lo que prendió la llama de la lectura en mi. Por eso ahora en casa nos aseguramos de que nuestros hijos no se vayan a la cama sin haberles leído un cuento… y muchas veces son dos.

Incluso cuando leo para mi y mis hijos estan cerca, procuro leer en voz alta. Ya sé lo que estás pensando, vaya tortura, deja respirar… ¡pesado!

La verdad es que no entienden mucho, porque son libros para adultos, pero tengo que decir que les gusta mucho escuchar y a veces son ellos los que me lo piden. Si eso les va a encender la chispa de la lectura… está por ver.

Y tú, ¿cómo recuerdos tus primeros acercamientos a la lectura? ¿Se parecen a los míos? Cuentame tu experiencia, anda…

El truco definitivo para dejar de procrastinar

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Hoy he venido a hablar sobre procrastinación. ¿Sabes qué? Mejor más tarde.

INTRO

Esta mañana, no sé por que motivo, se me ha ocurrido una frase que me ha gustado y que dice así: cuando lees sobre procrastinación deberías estar haciendo otra cosa.

Procrastinación. ¡Menudo término!

Como siempre queda bien consultar definiciones en un diccionario, he ido al de la Rae y dice que procrastinar es diferir o aplazar. Así que cuando procrastinamos estamos aplazando la realización de una tarea. ¿Sabes cuando tienes que estudiar y te pones a consultar twitter, después facebook, después el periódico, después instagram, otra vez twitter, facebook, otra vez el periódico, el correo electrónico?

Después te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo y dejas internet. Pero de repente te acuerdas de que tenías que tender la ropa, así que dejas la tarea y te vas a tender la ropa.

¿Sabes cuando tienes que hacer una llamada importante pues justo en ese momento te acuerdas lo mucho que te gusta jugar al candy crash? ¿Y qué me dices de ese informe que te dieron para hacer dentro de dos meses, que por cierto tienes que entregar mañana? Pero justo hoy la tertúlia de radio es super interesante…

Podría seguir pero creo que te haces una idea de lo que estoy diciendo.

Cuando ocurre cualquiera de las cosas que he descrito en realidad ni estás en twitter ni estás facebook, ni estás en instagram ni en el periódico, ni tendiendo la ropa, ni con la radio, ni con el Candy Crash. En realidad estás escondido porque no quieres hacer lo que tienes que hacer. O sea: estás procrastinando. ¿Porqué eres un vago? Quizá eres un vago, ahí no me quiero meter, pero normalmente esta no es la causa de que procrastines sinó la falta de motivación, perfeccionismo extremo y miedo.

Miedo a alguien o algo externo, a no saber lo que tienes que hacer o cómo tienes que hacerlo o a hacerlo y que termine en fracaso. Incluso a que lo hagas y termine en éxito…

¡Los humanos somos extraños!

Sea la causa que sea, para vencer a la procrastinación solo hay un método. Déjate de historias y ponte hacer lo que tenias que hacer. Sabes que tienes que hacerlo, ¿no? Lo vas acabar haciéndolo, así que… ¿por qué no lo haces? Si estás de los nervios con este tema… házlo, ¡va!

Que cuando empieces te vas a sentir mejor enseguida. Palabra de procrastinador.

Cómo vender usando las redes sociales

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Hola, ¿qué tal? Soy Javier Leiva y esta es una nueva entrega de la serie Ideas al Aire. Hoy te voy a explicar el secreto definitivo para vender usando las redes sociales.

INTRO

En primer lugar, esto es algo que no solamente aplica a las redes sociales. Pero como es el área sobre la que suelo trabajar lo uso para ese ámbito.

Dicho esto, en mi opinión las redes sociales no son para vender. Son para establecer una relación de confianza con la gente, son para aprender y para enseñar, son para divertirse, son para entretenerse y son para trabajar.

Si en último término tu te has acercado a ellas para vender, insisto y matizo: las redes sociales no son para vender. Como mucho, son para conseguir que la gente quiera comprarte a ti.

Las personas a las que seguramente llamas consumidores no están en las redes sociales para que las bombardees con tus mensajes de venta: oferta tal, no te pierdas cual, compra ahora pascual… ¡compra, compra, compra, compra!

Un poquito de aire, por favor…

Esas personas están ahí por muchos motivos, y solamente en algunas ocasiones será para comprar. Tu quieres que cuando llegue ese momento piensen en ti, ¿no? Pues no es nada efectivo que tu actividad en internet se base en machacar a base de impactos publicitarios. Que esto no es la tele, oye…

Bueno, y ahora viene el secreto: en las redes sociales no actúes pensando en lo que quieres tú; actúa pensando en lo que necesita de ti la gente a la que te diriges. Así que demuéstrales, antes de que te necesiten, que podrán confiar en ti cuando te necesiten.

O sea: métete en su cabeza por la vía de la confianza y no por la de la insistencia. ¡No seas pesado!

Bueno: como secreto es algo bastanto obvio, ¿verdad? Pues será muy obvio, pero poca gente lo hace. De hecho, yo mismo que lo tengo tan claro en la teoría, muchas veces me descubro haciendo justamente lo contrario.

En fin, me gustará saber tu opinión sobre el tema. Así que, si te apetece, te espero en la zona de comentarios.

Ser profesor: lo que me gusta menos y lo que me gusta más

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Hola, soy Javier Leiva y esta es una nueva entrega de la serie Ideas al Aire.

Este fin de semana he estado revisando trabajos de alumnos de posgrado y ayer, al terminar, pensaba que es una de las tareas que menos me gusta cuando trabajo como profesor.

INTRO

Fíjate en que he dicho revisar, y no corregir. La palabra corregir no me gusta nada porque la considero pretenciosa. Creo que solamente en algunos casos los profesores corrigen. Por lo menos en mi caso, lo que como mucho me considero capaz de hacer es sugerir mejoras, proponer otros puntos de vista o señalar posibilidades no exploradas.
Si fuera profesor de ortografía, por ejemplo, la cosa seguramente sería distinta.

Pero dicho esto, como he comentado la tarea de revisión de trabajos es quizá la que menos me gusta. Normalmente es porque en un gran porcentaje, las tareas que realizan los alumnos son muy similares.

No es culpa de ellos, es que a veces las materias que se trabajan dan para poca creatividad a la hora de plantear ejercicios. O que el poco creativo soy yo a la hora de plantearlos. Eso también puede ser.

Aunque en algunas ocasiones, sí que me he divertido mucho con esa parte del trabajo. Un par de ejemplos:

  • En el Máster de Comunicación Corporativa de la Universidad de Alcalá trabajábamos con Google Drive dentro de una asignatura de herramientas de trabajo colaborativo.
    Algunos de los 30 alumnos ya conocían Google Drive, pero ninguno de ellos había trabajado nunca en un documento que que debiera consensuar a distancia con otras 30 personas.

    Mis instrucciones eran sencillas: tenían que redactar un artículo de un mínimo de palabras a partir de un término que yo les daba y sobre un documento en blanco. Para tomar decisiones, se podían comunicar a través del propio documento o en el foro del campus virtual.

    La verdad es que sudaron el documento, y seguramente llegaron a odiarme bastante durante los días que duró el ejercicio, pero aprendieron un montón y el resultado fue una maravilla. Al terminar, estaban más que contentos con la experiencia y los objetivos se superaron con creces. Y por cierto, yo también aprendí mucho viendo cómo trabajaban para ponerse de acuerdo y avanzar en el documento.

  • El segundo ejemplo es de la Universidad de Vic, en una asignatura que se llamaba Información Electrónica. En este caso no fue un ejercicio de unos días, sino un examen de dos horas.

    Estaban todos los alumnos en clase y tenían un ordenador para cada uno. Hice grupos de tres personas al azar y les encargué una tarea a realizar en grupo.
    Podían usar internet libremente, pero pese a estar todos en el mismo espacio físico solamente podían comunicarse entre ellos a través de una sala de chat de grupo que yo mismo les habilité y que podía ver a tiempo real.

    Yo me divertí mucho más que ellos, pero creo que el resultado fue muy bueno y todos trabajaron de forma excelente. También sé que nunca olvidarán lo mucho que sufrieron aquella mañana 😀

Pensando en los dos ejemplos anteriores, se me ocurre que quizá los mejores ejercicios son aquellos que están menos dirigidos por el profesor. Unas pocas pautas claras y dejar que sean los propios alumnos los que dirijan, discutan entre ellos y trabajen en el desarrollo. Con la ayuda que sea necesaria, claro.

Eso me lleva justamente a otro punto, el del disfrute. En general, con lo que más disfruto cuando trabajo como profesor es con el intercambio de ideas con los alumnos. Tanto si el curso es presencial como a distancia, me encanta que me pregunten, que aporten información complementaria, que me corrijan o lo que sea. Que me interpelen, en general.

Me encanta tener que buscar información para responder preguntas cuya respuesta de entrada no conozco. Me encanta argumentar mi posición cuando no coincide con la del alumno. Y me encanta cuando alguien aporta algo que mejora lo que yo he puesto sobre la mesa.

No lo digo por decirlo… los que han sido alumnos míos saben que es así.

En fin, pues estas han sido algunas elucubraciones sobre el oficio de intentar enseñar.

Si te ha gustado el video, regálame un Like.
Si no te ha gustado, suspéndeme. Y dime el motivo, si te apetece.

Muchas gracias en cualquier caso.

Desplazando el bibliocentrismo: 7 ideas para usar Youtube en la biblioteca

Nota: texto escrito para el Grupo Thinkepi y publicado originalmente en la lista IweTel. La intención es provocar reflexión y debate, así que cualquier comentario al respecto será muy bienvenido.

La plataforma Youtube es el tercer espacio de internet más popular del mundo por detrás de Google y Facebook y es el sitio web preferido por la mitad de los adolescentes. Tiene más de mil millones de usuarios que cada día ven (vemos) cientos de millones de horas de video sumadas a partir de los miles de millones de visualizaciones. Las estadísticas de uso superan cada mes en más del 50% a las del mismo mes del año anterior. Por otro lado, muchos de esos usuarios son (somos) al mismo tiempo productores de contenido, lo que lleva a  que durante cada minuto del día se suban a Youtube 300 horas de video. Es decir, 18.000 unidades de tiempo por cada unidad transcurrida.

Teniendo en cuenta los compañeros de podio de Youtube y sabiendo que el punto fuerte de Facebook no es precisamente la recuperación de contenidos, podemos afirmar que Youtube es el segundo motor de búsqueda del mundo (solamente después de Google). Hoy en día, ante necesidades de información, cada vez más gente busca respuestas en video… y las encuentra. Algunos ejemplos:

Podría seguir indefinidamente, pero creo que como muestra está bien. Cualquiera que use la plataforma sabe que allí se puede encontrar todo tipo de contenido.

En este texto me centro en Youtube, pero no se debe dejar de tener en cuenta que existen otros actores en el mercado del video en internet. Por ejemplo, hay herramientas de similar concepto como Vimeo o Dailymotion, y también otras plataformas sociales que sin estar centradas en el video apuestan fuertemente por él (sería el caso de Instagram o incluso de Twitter, que recientemente ha añadido la posibilidad de publicarlos desde su aplicación móvil); por otro lado, hay aplicaciones como Vine que están específicamente centradas en la publicación de pequeños clips. Para finalizar, incluso en Facebook este formato es cada vez más importante.

Entrevista en video #ifn
Entrevista al bibliotecario Alfredo Rosales en la Biblioteca Nacional del Perú

 

A la vista de todo lo dicho, es evidente que el video genera interés entre los internautas, que la estrella en este momento es Youtube y que cualquiera que trabaje intensamente con contenidos (como hace la biblioteca) debería intentar aprovechar todas las posibilidades de este formato y lugar. En primer lugar, incorporando el recurso como fuente de información para solucionar las dudas de los usuarios (o para realizar recopilatorios sobre temas diversos, por ejemplo). En segundo lugar, y es en lo que quiero centrarme, en tanto que creador y distribuidor de contenidos propios. La pregunta en este sentido es: ¿qué papel de esta obra están interpretando las bibliotecas? La respuesta, en general, es que casi siempre son meras espectadoras, en algunas ocasiones actúan como extras, a veces se apuntan a algún papel de actor de reparto y solamente en casos puntuales actúan como verdaderos actores protagonistas. Decía Paula L. Webb en su artículo YouTube and libraries: It could be a beautiful relationship que YouTube is a social software application that could radically change how we look at library instruction and training . . . if we let it. Esa afirmación es de 2007, y me atrevo a decir que en general ocho años después seguimos anclados en el could be.

Sin embargo, sería injusto no reconocer que en muchas bibliotecas sí se está usando Youtube y en algunos casos de forma satisfactoria. A continuación expongo algunos ejemplos de videos, la mayoría de ellos identificados durante un trabajo de benchmarking sobre usos de medios sociales que realicé el año pasado para el Servei de Biblioteques de la Generalitat de Catalunya (quienes, por cierto, tienen su propio canal). Por supuesto no es una recopilación exhaustiva, pero creo que es válida para realizar una aproximación general al tipo de videos que se está realizando:

En mi opinión, todos los ejemplos mostrados pueden ser considerados como buenos usos de Youtube desde la biblioteca. Es decir, creo que hay que hacer esas cosas y quisiera que todas las bibliotecas se animaran a hacerlo. Sin embargo me parece que limitarse a ellos no explora todas las posibilidades existentes, así que me gustaría sugerir algunas ideas complementarias para vuestra consideración. Se trata de una lista abierta que sería fantástico que mucha gente se animará a completar con nuevas ideas (quizá algunas en funcionamiento y que yo no conozco):

  1. Videos sobre el entorno. Sobre todo en una biblioteca pública, creo que colaborar en acercar el territorio a sus habitantes debe formar parte de los objetivos.
  2. Videos regulares con una agenda de actividades de interés para la comunidad (tanto los que organiza la biblioteca como los que organizan otras entidades).
  3. Entrevistas. Una biblioteca pública puede entrevistar a autores (locales o no), a responsables del centro médico, del teatro, al experto en botánica del pueblo, a un miembro de una asociación de vecinos, etc. Hay mucha gente interesante y que tiene cosas que enseñar al resto, incluso dentro de una comunidad pequeña. ¿No puede ser la biblioteca quien ponga en común los distintos saberes de las personas de su entorno? Por otro lado, una biblioteca universitaria puede obtener y socializar conocimiento a partir de expertos en distintos temas que trabajan en la propia universidad. No siempre es sencillo que alguien de un departamento determinado sepa en qué están trabajando en otro departamento, en otra facultad… ¿qué mejor intermediario que la biblioteca para poner un poco de luz por ese lado?
  4. Reseñas en video de libros, películas o cualquier material del fondo de la biblioteca (o que no esté en el fondo).
  5. Videos de todas las actividades que se llevan a cabo en la biblioteca y, por qué no, en otras entidades de interés.
  6. Videos sobre curiosidades o utilidades que pueden encontrarse en el fondo de la biblioteca. Por ejemplo, la explicación de qué significa la expresión deuce puede servir para introducir un libro sobre el tenis al tiempo que el usuario interesado ya está aprendiendo algo nuevo.
  7. Videos enseñando a realizar cosas de todo tipo. En ese sentido, creo que el listado de videos sobre cocina local de las Biblioteques del Maresme es excelente y puede usarse como ejemplo para muchos otros temas: manualidades, bricolaje…

Son siete propuestas y, como he dicho, podrían ser muchas más. Creo que serían un gran complemento a los ejemplos reales mostrados, y que adoptarlas ayudaría a las bibliotecas a posicionarse delante de los usuarios como un agente moderno, dinámico y, sobre todo, útil. En general, una persona no acude a la biblioteca porque necesita acudir a la biblioteca sino por algo que puede conseguir en ella. La biblioteca suele ser consciente de ello, pero en mi opinión a veces en los medios sociales de internet lo olvida y adopta un papel demasiado bibliocéntrico (que interesa a otros bibliotecarios, pero no siempre a los usuarios). Lo que intenta mi aportación es precisamente desplazar el centro de gravedad de las actividades en Youtube hacia las necesidades de esos usuarios y hacia el contenido de la biblioteca, y no tanto hacia (o por lo menos complementando) el continente.