LinkedIN: No conviertas tu perfil en un almacén de contactos

LinkedIN es una red social de tipo profesional en la cual se trata de aprovechar los contactos con personas a las que conocemos en nuestro entorno profesional o académico. En este video te explico por qué creo que es una mala idea aceptar invitaciones de personas a las que no conoces sin motivo alguno, o por qué no deberías invitar a personas sin un motivo concreto.

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La habitación del caos

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La habitación del caos es una metáfora que utilizo con mis alumnos cuando veo que se encallan en algún tema determinado o no consiguen avanzar en alguna tarea.

No solamente sirve para un contexto de aprendizaje, sino que creo que se puede aplicar en muchas situaciones de la vida. En concreto, en aquellas en que estamos interesados en conseguir algo y que de entrada nos parece difícil. De hecho, a menudo nos parece imposible. Eso es lo que llaman estar fuera de la zona de confort.

La metáfora se explica a partir de una situación real que seguro que a todos nos ha ocurrido. A mi me ha ocurrido, eso seguro. Imaginate una habitación que a lo largo del tiempo ha ido acumulando objetos. No tiene que ser una habitación desordenada ni sucia, aunque pude serlo. Simplemente hablo de la típica habitación en la que hay un armario con ropa, una estantería con libros y revistas, objetos decorativos, una bicicleta estática, documentación de distinta naturaleza (recibos del banco, contratos de alquiler, de tarjeta de crédito, del trabajo o de lo que sea, diplomas, informes médicos, etc). Seguro que en casa tienes documentos de todo tipo que se van acumulando a lo largo del tiempo.

Total que en esta habitación hay un montón de cosas y muchas de ellas no las necesitas para nada o simplemente preferirías que estuvieran ordenadas de otra forma. Así que decides ponerte manos a la obra para ordenar, para tirar lo que no te sirve, para donarlo, para cambiarlo o para venderlo.

El momento en que empiezas es el momento de no retorno. Por muy mal que estuviera esa habitación, que quizá que no lo estaba, en el momento en que empiezas a sacar cosas pasa a ser el caos absoluto.

Miras a tu alrededor y te arrepientas de haber empezado: ¡esto no hay quien lo devuelva en estado aceptable!

Por todos lados hay trastos, no hay ningún orden lógico y además no tienes libertad para moverte por ningún lado y si no vigilas acabarás tirando cualquier cosa y montarás un jaleo descomunal.

Esa es la habitación del caos.

Y esa es la sensación que puedes tener cuando empiezas a intentar aprender algo o conseguir algo que está fuera de tu alcance momentáneo. Menudo follón, no entiendo nada, soy incapaz… ¡si lo sé no vengo! Pero amigo, si no te dejas vencer por la desesperación y vas poniendo en orden un objeto en cada momento, de repente llegará un punto en que todo vuelva a cobrar sentido y lo mejor es que tomará sentido en un punto mucho mejor del que estaba cuando empezaste. Es como montar un puzzle.

Así que cuando quiero conseguir algo y tengo miedo porque no sé hacerlo o me siento incapaz para hacerlo, procuro recordar la metáfora de la habitación del caos que yo mismo utilizo para ayudar a mis alumnos.

De hecho, no consigo hacer todo lo que me propongo ni mucho menos, pero algunas veces sí que me sirve. En cualquier caso, la metáfora del caos me ayuda a ver las cosas de otra manera. Así que si me sirve a mi quizás te sirva ti. Y en ese caso, te la regalo.

¡Pásalo bien!

Cómo gestionar el correo electrónico

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Transcripción

Hoy he leído un artículo de Cindy Goodman en el Miami Herald en el que habla de la gestión de la bandeja de entrada del correo electrónico. Creo que es un tema interesante, así que después de la intro hablaré de ello.

INTRO

Uno de los problemas comunes de muchos profesionales de casi de cualquier ámbito es lo sencillo que es recibir toneladas de correos electrónicos y lo difícil que es gestionarlos de manera que nos nos coman más tiempo del necesario. Si no se tiene cuidado, es posible pasarse el día entero sin salir del gestor de correo.

En su artículo, Cindy dice que a ella le cuesta muchísimo borrar correos electrónicos. De hecho, la última vez que se puso a ello estuvo más de dos días en la tarea. Así que le cuesta borrarlos pero cuando se pone, se pone. Cindy también cita a dos personas que tienen dos enfoques distintos:

El primero de ellos nunca borra emails: marca los importantes y deja que los otros se vayan consumiendo en la bandeja de entrada.
La segunda, en cambio, borra todo lo que puede porque no soporta tener mensajes a la vista.

De las tres aproximaciones, la que más se acerca mi enfoque es la tercera. A mi también me pone nervioso abrir la bandeja y ver un montón de mensajes aunque ya los haya leído o respondido (si es que tenía que leerlos y responderlos).

Este es mi sistema:

  1. Intento recibir el menor volumen posible de mensajes.

    Por ejemplo, limito al máximo las notificaciones de redes sociales: no recibo ni un solo aviso de facebook ni de LinkedIN, y de twitter solo recibo retwitts y favoritos (incluso esos voy a dejarlos de recibir). De todos modos, son plataformas que visito diariamente; así que cuando voy, ya puedo ver perfectamente todas las notificaciones allí.

    Al mismo tiempo intento no recibir boletines de correo. Lo primero que hago es intentar no suscribirme a nada. A veces sí que lo hago para ver si realmente son cosas que me interesan o no. Otras veces no hace falta suscribrse a nada porque empiezan a llegar correos de no se sabe dónde ni se sabe por qué. En general, intento limitar los boletines tanto como puedo.

    Por otro lado, una manera de recibir pocos mensajes es enviar pocos mensajes. Es decir, alguien te envía un mensaje y tu respondes, él responde a tu respuesta, tu respondes a su respuesta de tu respuesta, y así hasta que llega la noche. Es un bucle diabólico que intento evitar.

  2. Intento filtrar al máximo los correos

    Uso Gmail, pero tengo desactivadas las bandejas múltiples. En cambio, tengo un montón de carpetas y filtros que he creado yo mismo y que permiten que cada mensaje llegue a donde yo quiero que llegue antes de leerlo. De este modo, mensajes sin importancia van a carpetas que visitio de vez en cuando. Por eso me puedo concentrar en lo importante.

  3. Intento trabajar en bloques

    Cuando entro en mi bandeja de entrada, lo primero que hago es eliminar todo lo que no me interesa. Sin compasión.

    Después reviso lo que sí me interesa y lo que necesita respuesta atendiendo la bandeja de entrada y a las carpetas más importantes. Hago lo que tenga que hacer respecto a los mensajes, respondo a los que tengo que responder y marco todos aquellos que tengo que tener a la vista durante por lo menos unos días. Una vez gestionado todo, archivo todo lo que tengo que conservar y lo que no…. a la basura.

    Finalmente, reviso los correos que tenía marcados por si hay algo más que tengo que hacer. Los que no necesitan la marca los archivo o los borro. Y si tengo tiempo, reviso el resto de carpetas con cosas menos importantes e intento dejarlo todo afuera. Me encanta ver la bandeja de entrada vacía.

  4. Intento escribir buenos mensajes

    Que intente evitar enviar muchos mensajes no significa que no responda a todo lo que tenga que responder. De hecho, intento no dejar nada pendiente. Per en vez de usar el correo como un chat procuro escribir menos mensajes pero escribirlos mejor. Es decir, tratando los temas claramente y yendo al grano, intentado anticipar y responder de antemano las dudas que puedan venir del otro lado, formateando los mensajes de forma que sean fácilmente comprensibles y añadiendo todos los enlaces y documentos necesarios para que el receptor tenga todo lo que necesita para comprender.

No es que no quiera recibir correos. Es que quiero recibir todo los que sean necesarios pero solamente los que sean imprescindibles. No siempre lo consigo, pero en esta lucha estoy.

Así que más o menos este es mi sistema. Te recuerdo los puntos clave:

  1. Recibir el mínimo posible de mensajes.
  2. Filtrar los mensajes para poder trabajar en los más importantes.
  3. Trabajar en bloques.
  4. Escribir buenos mensajes.

¿Qué te parece? y sobre todo: ¿qué es lo que te funciona a ti?

Me encanta leer. ¿Y a ti?

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Transcripción

Soy Javier Leiva y me encanta leer.

Soy un lector voraz desde pequeño. No recuerdo a qué edad exacta aprendí a leer, pero sí que me recuerdo hojeando y leyendo revistas que había por casa para sorpresa de los mayores.

El caso es que no recuerdo el título de las revistas, pero sí que me acuerdo de que en casa se compraba el Lecturas. Y además, que me gustaba una historieta que salía al final. Así que sin estar seguro al cien por cien, se podría decir que aprendí a leer con la revista Lecturas.

Tampoco estoy seguro del origen de mi afición, pues no crecí con grandes lectores a mi alrededor. Sin embargo, tengo la teoría de que el deseo por leer vino del hecho de que cada día mi madre me leía cuentos por noche. Me encantaba que me explicara cuentos, particularmente me acuerdo de un libro que contenía una colección de fábulas de animales y que acabó destrozado de tanto leerlo y releerlo. La verdad es que si supiera el título, ahora mismo intentaría buscar una copia y la compraría.

Como leía todo lo que había por casa, empecé ir a la biblioteca pública y a devorar todo lo que tenían. Empecé por los cómics y fui derivando a las novelas para jóvenes. Sobretodo me gustaban las de aventuras y policiacas.

De pequeño leía tanto y estaba tan enganchado a la lectura, que incluso cuando me hacían apagar la luz porque era la hora de ir a dormir me escondía debajo de las sábanas con una linterna y leía a escondidas.

En fin, así que como he dicho fueron los cuentos lo que prendió la llama de la lectura en mi. Por eso ahora en casa nos aseguramos de que nuestros hijos no se vayan a la cama sin haberles leído un cuento… y muchas veces son dos.

Incluso cuando leo para mi y mis hijos estan cerca, procuro leer en voz alta. Ya sé lo que estás pensando, vaya tortura, deja respirar… ¡pesado!

La verdad es que no entienden mucho, porque son libros para adultos, pero tengo que decir que les gusta mucho escuchar y a veces son ellos los que me lo piden. Si eso les va a encender la chispa de la lectura… está por ver.

Y tú, ¿cómo recuerdos tus primeros acercamientos a la lectura? ¿Se parecen a los míos? Cuentame tu experiencia, anda…

El truco definitivo para dejar de procrastinar

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Hoy he venido a hablar sobre procrastinación. ¿Sabes qué? Mejor más tarde.

INTRO

Esta mañana, no sé por que motivo, se me ha ocurrido una frase que me ha gustado y que dice así: cuando lees sobre procrastinación deberías estar haciendo otra cosa.

Procrastinación. ¡Menudo término!

Como siempre queda bien consultar definiciones en un diccionario, he ido al de la Rae y dice que procrastinar es diferir o aplazar. Así que cuando procrastinamos estamos aplazando la realización de una tarea. ¿Sabes cuando tienes que estudiar y te pones a consultar twitter, después facebook, después el periódico, después instagram, otra vez twitter, facebook, otra vez el periódico, el correo electrónico?

Después te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo y dejas internet. Pero de repente te acuerdas de que tenías que tender la ropa, así que dejas la tarea y te vas a tender la ropa.

¿Sabes cuando tienes que hacer una llamada importante pues justo en ese momento te acuerdas lo mucho que te gusta jugar al candy crash? ¿Y qué me dices de ese informe que te dieron para hacer dentro de dos meses, que por cierto tienes que entregar mañana? Pero justo hoy la tertúlia de radio es super interesante…

Podría seguir pero creo que te haces una idea de lo que estoy diciendo.

Cuando ocurre cualquiera de las cosas que he descrito en realidad ni estás en twitter ni estás facebook, ni estás en instagram ni en el periódico, ni tendiendo la ropa, ni con la radio, ni con el Candy Crash. En realidad estás escondido porque no quieres hacer lo que tienes que hacer. O sea: estás procrastinando. ¿Porqué eres un vago? Quizá eres un vago, ahí no me quiero meter, pero normalmente esta no es la causa de que procrastines sinó la falta de motivación, perfeccionismo extremo y miedo.

Miedo a alguien o algo externo, a no saber lo que tienes que hacer o cómo tienes que hacerlo o a hacerlo y que termine en fracaso. Incluso a que lo hagas y termine en éxito…

¡Los humanos somos extraños!

Sea la causa que sea, para vencer a la procrastinación solo hay un método. Déjate de historias y ponte hacer lo que tenias que hacer. Sabes que tienes que hacerlo, ¿no? Lo vas acabar haciéndolo, así que… ¿por qué no lo haces? Si estás de los nervios con este tema… házlo, ¡va!

Que cuando empieces te vas a sentir mejor enseguida. Palabra de procrastinador.